Lo admito, esto no es lo mío. Estoy mareado. Llevo ya dos semanas haciendo algo que no sé hacer ni me sale: promocionar, vender, convencer, ¿pontificar?… César Bayo me decía: “Cuando llegue el momento, de esa mierda te ocuparás tú, ¿vale?” Y yo asentía con la cabeza, a fin de tranquilizarlo, porque a César era mejor mantenerlo sereno y despresurizado. De haber atisbado la mínima posibilidad de tener colocarse el traje de representante, de vendedor de lo que sea, habría salido corriendo. Yo tragaba entonces saliva, angustiado, ante lo que me esperaba. Pues bien, el momento ha llegado…

Y sí, me estoy ocupando. Estate tranquilo, amigo. Voy a hacerlo, estoy haciéndolo. Sufriendo mucho, porque yo no sé vender. Tú decías que era imposible vivir de esto en un país donde la música, para la gran mayoría, sigue siendo cosa de titiriteros y cuentistas. Intentaré demostrarte que no es así. No me queda otra. Mucha gente ha empezado a apreciar nuestra música, grabada con tanto esfuerzo y tan pocos medios, y sin embargo, acaso dotada de un algo especial que no me toca a mí definir y que ni siquiera sé si hemos recogido del todo en la grabación. Algunos, incluso, han comprado el CD. Algunos, incluso, han extraído ya sus sabores, olores y colores. No muchos, de momento, esa la verdad. Pero esto acaba de empezar. Creo que sí, César. Creo que, si perseveramos, podremos lograrlo. Vivir dignamente. Como el carpintero y el tendero. 

Aspecto de la portada y el interior de Strong enough to refuse, el primer disco de Bantastic Fand, diseñado por Carlos Horacio Valera. FOTO: ANTONIO SERNA  Después de dos años encerrado en el estómago de la ballena, aislado del mundo y de sus miserias, apenas consciente de las mías propias, concentrado solo en grabar lo más dignamente posible, ha llegado el momento de abrirme al mundo. Necesito a la gente. Necesito tocar. Necesito expresar. Necesito incluso las redes sociales. Uf! Y aunque me siga sonando feo decirlo, necesito vender. Sé qué es difícil. La gente se ha acostumbrado a consumir bienes culturales sin pagar. Los bancos roban y la gente se queja, pero al final lo acepta. Igual ocurre con los políticos. Nos quejamos dándole al click en los enlaces molones del Facebook. ¡Pero pagar por un CD, eso directamente es un robo! Es curioso. Cuando el dinero se lo llevaban las discográficas, todo el mundo pagaba sin pestañear. Ahora que el autor puede explotar su obra, la música circula gratis. Y si no lo haces, eres un antiguo.

Pongamos un ejemplo. De todos los enlaces sobre el grupo colgados en www.facebook.com/bantasticfand, el que menos incidencia ha tenido se titula Cómo Apoyarnos (enlazar con el artículo), donde se explican las distintas formas de ayudar económicamente el proyecto. Mucha gente lo ve y huye, no quiere saber nada. Por contra, el enlace más visitado ha sido el streaming gratuito de Calling. A la gente le encanta que le des algo gratis. Si hubieran tirado nuestros CDs en la última cabalgata de Reyes, la gente se hubiera dado de tortas por cogerlos del suelo, como con los caramelos. Más o menos así, César, es como la gente ha conocido de qué va Calling, tu canción, la misma que escuchabas sin parar, la que pasaste horas mezclando y remezclando, una y otra vez, siempre con los ojos cerrados, trasfigurado y transportado. Incluso cuando solo era una espartana maqueta, torpemente ejecutada en nuestro idioma inventado, el bantastic english, el que usamos para componer, incluso tú, pese a tu inglés cultísimo…

Así empezó Calling:

Así acabó Calling:

http://bantasticfand.bandcamp.com/track/calling

Y así es como funciona la creación musical, exactamente igual que la vida. Una canción nace como un embrión, sin brazos ni piernas, y luego crece, o no crece; y si no crece, muere. Calling creció, pero indefectiblemente morirá joven si nadie la escucha, si nadie la entiende, si nadie comprende que para que alguien la disfrute, alguien tuvo que trabajar. La idea y la melodía surgieron en el desierto de Mauritania, durante las casi 48 horas que pasé encerrado en el coche del patriarca saharaui Jatri Mohamed por culpa de una tormenta de arena. 48 horas interminables, orinando en botellas de plástico, sin poder pegar ojo por el calor y el zumbido constante del simún, el viento venenoso. Llamábamos pidiendo ayuda, pero ni siquiera el teléfono satélite funcionó. Aquella experiencia nos dejó una intensa sensación de claustrofóbica libertad.

El patriarca saharaui Jatri Mohamed y Nacho Para, en el desierto de Mauritania, la noche después de la tormenta. FOTO: SERGIO CARO

El patriarca saharaui Jatri Mohamed y Nacho Para, en el desierto de Mauritania, la noche después de la tormenta. FOTO: SERGIO CARO  La melodía cambió. La instrumentación, también. La letra dio mil vueltas. Pero Calling sobrevivió. Y aún colea. Pero si la gente la escucha y nunca paga por ella, quien muere es el autor. Mis amigos más optimistas me tranquilizan: “Es muy fácil, Nacho. No te angusties. Vende con la cabeza alta. No estáis vendiendo bazofia, ni pidiendo limosna. Habéis trabajado, habéis creado, habéis invertido mucho trabajo y dinero... Es un disco muy lindo. Sólo con que 100 amigos se lo vendieran a cinco de sus amigos, tendrías ya la mitad de la tirada resuelta y podrías sobrevivir medio año; un año si los vendes todos”. Ilusorias o no, esas son mis cuentas. Mis cuentas de la lechera y mis cuentas de la vieja. Lo que me pasa es que hay tanta gente que vende humo que me da vergüenza que me confundan. ¿Es humo nuestra música? Creo que no. Lo que hemos hecho puede gustar o no, pero estoy seguro de que humo no es. César abominaba de los vendedores de humo. Él se hubiera dado cuenta…

Prefiero contagiarme del optimismo de quienes aprecian nuestro trabajo. Nos queda nuestra mejor baza, y pronto la vamos a jugar. Estamos preparándonos para ofrecer nuestra mejor versión en directo. Un grupo de amigos, artesanales y autodidactas, sin mercenarios entre sus filas, como siempre soñamos. Queremos llevar a un escenario lo que tantas veces hicimos sentados en el porche sin más espectadores que nuestros perros. Grabar un disco es como congelar el alma. Y para hacerlo bien necesitas medios técnicos, siempre carísimos. El directo es otra cosa. Es algo tangible, orgánico, sin tanta dependencia de los intermediarios tecnológicos. La magia no se escapa tan fácilmente.  

Bueno, César. Perdona si hoy he hablado más de nosotros que de ti, aunque hablar de nosotros sea hablar de ti. Pero tú ya no necesitas comer (ni siquiera esa cabeza de ajos crudos que a menudo te desayunabas y/o cenabas). Tú lo que necesitas es perdurar. Así que échanos tú una mano con las cuentas y nosotros te la echaremos con la inmortalidad. No con la falsa y acongojante inmortalidad celestial, sino con la mundana, esa que consiste en mantener vivo tu recuerdo y tu energía entre los que seguimos por aquí. Todos tus amigos estamos en ello. A ver cuándo terminamos todo lo que te estamos preparando… 

Antes de acabar por hoy, una leve matización al comentario de mi amigo Santy en el blog anterior, donde me decía: “Hombre, eso de que ‘ahora no soy nada’ no es cierto…eres un gran artista, y eso es mucho”, como tratando de ponerme en valor. En realidad, yo no lo decía como lamento sino como alivio. No ser nada, qué liberación. No ser esto o aquello, en el sentido que otorga esta sociedad al hecho de ser algo. ¡Claro que soy! Soy más ahora, y ni siquiera recuerdo si antes fui. Otro amigo, Joaquín Márquez, lo explica perfectamente en este texto que con su permiso comparto:

“–¡Felicidades! ¡Enhorabuena! –se alborozan a coro.

–No somos nadie, desde luego, a tu lado, ahora sí que no somos nadie –suspira uno de ellos, en su insignificancia. 

–¡Ah, ser alguien, qué maravilla ser alguien! –abunda otro. 

–¡Qué envidia! –claman todos a unísono.

–¿Y qué tal te sientes siendo alguien? –pregunta un nadie. 

 –Sentir, sentir... Pues nada en especial –contesta alguien.

 –Venga ya...

 –En serio. Desde fuera puede dar la sensación de que esto es algo, pero no. En realidad no es nada.

 –Déjate de falsas modestias, que ya eres alguien.

 –No, no es modestia. Es que no se siente nada especial. Bueno, sí: un poco de malestar, quizás.

–¡Qué horror, qué dices! –se horrorizan los nadies. 

 –Una opresión, no sé... Una sensación de no ser yo mismo.

 –Pues a mí me parece increíble ser alguien y estar mal –comenta un nadie. 

 –Ya ves, nada es lo que parece –dice alguien. 

 –Venga, hombre, alegra esa cara, que ya eres alguien. Y esto hay que celebrarlo.

 –Lo peor es la soledad –concluye alguien.

Los nadies parecen entender y callan. No hay nada que celebrar. Alguien pierde la mirada en el vacío. Se hace un silencio muy embarazoso y una nada muy complicada”.

Y digo yo: ¿Hay por ahí algún alguien o algún nadie que nos ayude? De momento, hemos vendido unos 200 CDs. En dos semanas, no está tan mal. ¿Tú que dices, César?

Comentarios   

#1 Yolanda Cruz López 07-01-2014 16:09
Sigue ahí, sigue así. ¿Qué más digno que ejercer tu propia voluntad y ser nadie?. Iré a veros en Almería.