Aún no sé muy bien de qué les hablaré en el futuro en este blog. Antes era periodista. Lo fui durante 30 años. Ahora no soy nada. Qué bien sienta no ser nada, no trabajar para nadie, no poner tu talento al servicio de intereses ajenos. También genera inquietud no ser nada, pero compensa. Se duerme muy bien. Quizás lo mejor sea que hoy empiece a contarles la historia de César Bayo, al menos los pasajes que mejor sitúan el sueño que ahora me ocupa. Voy a necesitar más de una entrada en este blog para reflexionar sobre su figura, así que si por casualidad les interesa, seguramente tendrán que esperar a la semana que viene para ir completando el puzzle. 

César Bayo nunca figurará en las grandes páginas de la Historia, porque la Historia, ya se sabe, la escriben los vencedores. A los ojos de la sociedad, un tipo como él sería el paradigma del perdedor. Pero en mi historia, en nuestra pequeña historia, en el bantástico círculo en el que poco a poco pretendo introducirles, César aparece como un colosal antihéroe. Un espíritu libérrimo. Un rarísimo librepensador. Un tipo caracterizado por una carcajada inabarcable, hacia el mundo y hacia sí mismo. Tan atenazado por los fantasmas -“los fantasmas de la autoridad”, decía-, y al mismo tiempo tan inasible para quien quisiera atraparle. Huía desesperadamente de la espada del poder, del poder que fuera, incluido el poder que todos querían imponerle, por su bien. 

Quien pretendiera atraparlo, o clasificarlo, o encauzarlo, o someterlo, picaba con pico en bloque de mármol. A pesar de su aparente fragilidad, era casi impenetrable. Pocas personas pueden presumir de haber vivido la vida de forma tan resistente. Aguantó muchas adversidades, desde muy joven. Aguantó hasta la caída desde un barco, noche cerrada, en altamar, entre Cartagena e Ibiza. El barco dio la vuelta y, milagrosamente, lo encontró. César aguantó mucho más de lo dicta una muerte aparentemente tan temprana, a los 43 años. Si nunca encontró su lugar en este mundo fue porque este mundo nunca le pareció un buen lugar. En septiembre de 2013, en la fase final de nuestro disco, se marchó. Sin avisar. Sin molestar. En perfecta soledad. Pleno y libre ya para siempre.  

César Bayo, buscando sus primeras notas musicales. Cartagena. 1970, el año de separación de sus amados Beatles.

César hablaba de su infancia de forma recurrente. Nunca supe determinar el momento en que sus sueños se quebraron ni quién los quebró. Cuando le invadía la vibración de la música, parecía retornar a una infancia pura, incluso más atrás, al útero materno. Juntarse a tocar la guitarra, armonizar voces con él, siempre resultó un absoluto placer, y un acto curativo. Le recordaré siempre entonando The Word, de los Beatles. Por encima de todos, Rubber Soul era su álbum. “El súmmun de la magia”, decía. Cerraba los ojos, se transportaba, entraba en éxtasis, levitaba y además se le ponía cara de levitar. Con su voz flexible y su afinación exquisita, agitando la cabeza, lanzaba diáfanos mensajes desde los intermundos: “Say the word and you’ll be free/ Say the word and be like me/ Say the word I’m thinking of/ Have you heard the word is love?/ It’s so fine/ It’s sunshine/ It’s the word love”. A Lennon le hubiera maravillado.

 

The Word. Versión original de Los Beatles (subtitulada en castellano):

 

Cuando cantaba despreocupadamente, sin presión, César ofrecía un espectáculo contagiosamente vital. Su energía era altamente intercambiable, como la que desprenden los niños si sabes percibirla. Otra de sus piezas de cabecera era True love tends to forget, del Street Legal, de Bob Dylan. Aquí les regalo, cortesía de sus amigos Kike Marqués y Santy C. Dicenta, un ensayo de esa canción, en una grabación incidental, de las pocas que se conservan, porque casi todo tu trabajo artístico, tan despreocupadamente como lo fue creando, lo fue perdiendo. Así era César.

 

César, cantando True love tends to forget, de Bob Dylan:

Nos fuimos juntos a Barcelona en 1997, en busca de un sueño común: vivir de la música, el mismo que aún seguimos sus amigos intentando. “Ganar lo suficiente para tener queso y vino”, solía decir él. Le apasionaba tocar en la calle, callejear, olisquear. Era su forma de sentirse libre. Incluso de llegar a serlo. En realidad, siempre hizo lo que quería hacer. Por eso decidió marcharse abruptamente de Barcelona, pocos meses después de iniciar una aventura que al principio le entusiasmó. Se despidió con una escueta nota bajo su almohada: “No quiero ser un impedimento para vosotros. Me largo. Un abrazo”. Todo lo que hacía, lo hacía con extraordinaria pasión. Si le flaqueaba la pasión, entonces desaparecía. De eso va Goodbye, la letra que César escribió antes de irse para una melodía de Paco del Cerro. Ya la buscaré y la colgaré en un merecido capítulo aparte. 


Hablaba perfectamente inglés y alemán, y poco le quedaba para dominar el más alto nivel de francés. Pretendía entender y hacerse entender, saber si había un lugar para él en este mundo, pero era tan despistado que llegó a deambular, con unas botas embarradas hasta los tobillos, por las hasta entonces alfombras impolutas de la mezquita de Nador. El imán acabó intercediendo y lo salvó de un inminente linchamiento, pues solo con verle la cara, comprendió que ese chaval no tenía la más mínima intención de profanar nada. Le gustaba hablar con todos y en todos los idiomas. Recuerdo una vez que pegó la hebra con dos monjas en un mirador del Monasterio de Montserrat. ”Y entonces… contadme, contadme bien cómo os lo montáis la peña de los conventos…” Cuando de verdad era él, afloraba un chisporroteante conversador. Cuando no era él, o cuando huía de él, prefería la soledad al ruido. 

Aunque en su día a día parecía rendir pleitesía al caos, era un estudiante metódico, organizado y ejemplar. Solía decir que podría haber sido feliz dedicando su vida a estudiar sin parar, sin ningún otro objetivo. Jamás llegó a plantearse la posibilidad de aplicar lo estudiado para suavizar su complicada relación con el mundo, con ese sistema que a todos nos constriñe, ese del que todos más o menos aprendemos a defendernos. A él ya no le interesaba. No abría las cartas ni los emails y no siempre cogía el teléfono. No enfrentarse le llevaba irremisiblemente a la asfixia y a la perdición. ¿Luchar? Nunca se creyó mucho esa historia de David contra Goliat. 

Nacho Para, Paco del Cero y César Bayo, durante un concierto en la sala Sidecar. Barcelona. 1997.

 

Cuando César se largó de Barcelona, lo hizo en busca de nuevas pasiones. Se licenció brillantemente en Filología Inglesa. Estudió Producción Musical en Cardiff. Y guitarra clásica. Y piano. Todo lo que tocaba, lo hacía con una dedicación obsesiva y enorme delicadeza. Estudiar fue como una droga. Le retardaba el momento de volver a enfrentarse al fantasma de Goliat, que, según decía, no cesaba de aporrear a su puerta. Tenía una delicadísima percepción de los intangibles. Cuando de verdad le hablabas y él era él, dábamos cancha a los pensamientos más solemnes en un clima de descojone generalizado. Nunca dejó de reírse. Su risa fue siempre mejor vía de escape, mucho mejor que aquellos intentos de vivir alejado de todo, primero en una comuna hippy del País de Gales (“una farsa montada por pijos”) y después en un abrupto y perdido terreno que se compró en La Alpujarra, donde a decenas de kilómetros de cualquier rastro de civilización, había un chamizo, un saco de dormir, una caja de cervezas, otra de café, un pedregal, unas moras silvestres y un riachuelo. Que acabara resultando un lugar inhóspito, incluso para un verdadero todo terreno como él, fue la constatación que ya no le quedaban salidas tangibles. Tenía que negociar con lo que había. Y eso le abrumaba.

César Bayo, a los 15 años, en un local de ensayo. Cartagena, 1984. FOTO: KIKE MARQUÉS 

Perdonad por el estilo deslavazado, a ratos incluso esotérico, pero llevaba mucho tiempo sin escribir. Y mucho más tiempo sin escribir libremente. Acabo de releer el texto y compruebo que aún no he conseguido explicar a César. No sé si lo lograré, pero sí sé que lo seguiré intentando…

 

Comentarios   

#9 Elvira 28-03-2014 21:50
Por favor, continúa con tu blog. Es muy emotivo y muy bonito. Gracias.
#8 marta 19-01-2014 12:30
Nos vimos poco cesar y yo pero me dio el mejor consejo que me hayan dado jamás:
Si te duchas con agua fría en invierno no te resfrías en todo el año.

Y tengo un resfriado del copón.
#7 Un perro inglés 02-01-2014 22:25
...Con un par. Y una vez a salvo de los barbudos islámicos que quisieron ajusticiarnos por marranear su mezquita en Taza, hubo algo en su media sonrisa, como una confesión en cierto grado de premeditación y de placer por la alevosía perpetrada a la religión en particular y a la estupidez y la ignorancia humana en general. César fue un ser complejo, sin igual. Y siempre estará ahí, mostrándonos lo que en realidad importa y lo que no. Abrazos, lágrimas, risas y canciones.
#6 Un perro inglés 02-01-2014 22:22
Gracias, Nacho. Por recordarnos al más grande ser humano que conoceremos nunca y cuya pérdida a muchos nos ha dejado en un estado inconsolable. Has clavado su pasión compulsiva por aprender cosas nuevas y su manera de circular por el mundo, casi flotando, como si la remota posibilidad de molestar a alguien supusiera para el un tormento. Sin embargo, no creo que nunca dejara de ser él mismo. César era, y para mí sigue siendo, CÉSAR. Con sus flaquezas y sus fantasmas, con sus idas y venidas de los infiernos, siempre fue él mismo. Un genio, la honradez y dignidad personificada, sin máscaras, sin tapujos. Un ser superior, muy por encima de las convenciones mundanas que nos preocupan tanto a los seres insignificantes , miserables y mohínos. Tienes razón Nacho, César era un tipo duro. Nunca conocí a nadie capaz de comerse una bolsa de a kilo de higos secos de una sentada. Todo o nada.....
#5 Santy 02-01-2014 21:31
hombre, eso de que "ahora no soy nada" no es cierto... eres un gran artista, y eso es mucho
#4 Antonio Orta Cantón 01-01-2014 20:30
No te preocupes por el estilo Nacho, no sólo has conseguido presentarnos a Cesar sino que has empezado a dibujarnos su alma (dejándonos sutiles esbozos de la tuya). Me gustó mucho "My morning" y, con este texto, has despertado definitivamente mi interés por vuestro proyecto, por tu nueva "identidad", jeje... No te preocupes mucho si en estos momentos no sabes quién eres, yo llevo casi 50 años intentando descubrirlo y ahora me doy cuenta que dediqué demasiado tiempo al empeño. Mucha suerte y para mi, ademas de musico sigues siendo un magnífico periodista. Te leo.
#3 Paz Bayo García 01-01-2014 16:43
En su infancia era un niño muy feliz, lo tengo en mi mente con 2/3 años, el pelo, que entonces tenía lacio, rubiales y con mucho brillo, correteando con esa risa tan suya. Tan apasionado como de mayor e igualmente cuando le dejaba de interesar algo esa pasión se convertía en olvido total. Poco antes de dejarnos, un día nos reíamos acordándonos, con 8 o 10 años, le dio por el aeromodelismo y se construía sus aviones, era tal la pasión, que no le interesaba otra cosa que no fuese el avión que estaba construyendo, cuando acabó el primero, mi padre lo llevó a un descampado para que lo pusiera a volar… ni te cuento el disgusto con el que volvió a casa porque al primer intento el avión no voló, se estrelló contra el suelo y se destrozó, después de consolarlo y animarlo construyó otro y otra vez la misma operación con los mismos resultados… no volvió a nombrar el aeromodelismo nunca más. Te podría contar tantas anécdotas de él...
Os deseo todo el éxito del mundo!
Un abrazo
#2 Paz Bayo García 01-01-2014 16:36
Nacho muchas gracias por tus palabras, has conseguido arrancarme tanto lágrimas como carcajadas con tu definición de César.
Me encantaría tener la canción que le escribió a Paco. El disco, lo quiero comprar pero lo quiero con una dedicatoria personalizada de cada uno de vosotros, ya que sois una parte muy importante en su vida.
Yo si creo saber qué y quién quebró sus sueños y le marcó de por vida…
#1 Elena Bayo García 31-12-2013 18:26
Gracias, gracias, gracias.
Gracias por saber captar la esencia de mi hermano.
Gracias por hablar de él con esa delicadeza.
Gracias por compartir con él este estupendo trabajo.
Y gracias también por compartirlo con nosotros.